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Relatos líricos sobre el té (desde Islandia)

Té de Islandia para los curiosos

(nos ha llegado a la redacción un fabuloso relato de un fan del y de Teterum que queremos compartir contigo. ¡A nosotros nos encanta el relato de Ernesto Dieguez!)

La luz lo llena todo y es pálida y una pátina de nubes blancas juega entre los tejados de colores y los grafitis y las copas de los árboles y ese mundo que parece colgado del revés.

El té siempre libera. El té amargo.

Hace años que me gusta y que me libero. Me gusta el té verde muy amargo. También el chocolate negro. Amargo. Quizá reflejo de la melancolía del alma. O quizá una causa de ella y no sólo su reflejo.

Con el té verde en las mañanas he escrito haikus y otros poemas larguísimos sin pies ni cabeza y sin fin ni certeza.

La cerveza, que también es algo amarga, me ha inspirado siempre. Pero sólo con el té puedo escribir bien. Solamente en el océano del té mis palabras se ordenan porque mi mente se apacigua. Queda espacio para que emociones y pensamientos se encuentren sin necesidad de batalla. Se reúnen allí donde está el duende.

***

En la repisa de la ventana, un vaso lleno de agua en donde una semilla de aguacate expulsa sus raíces desde hace semanas, meses, más lentamente que lo que dicen los manuales. Se toma su tiempo para medrar en estas tierras tan al norte, y ahora tan borrachas de luz.

Quizá añora su tierra. O la tierra.

***

Suspendido sobre las calles como entrando en el vacío y observándolo todo con los ojos nuevos prestados, de quien lo ha visto todo.

Hay cosas que se quedan atrás, siempre. Otras van por delante. Luego están las que nos ocupan. Somos idiotas al no darnos cuenta de que todas están en el mismo sitio. Es nuestra mente la que oscila.

Suspendido sobre las calles añoro la noche.

En el jardín descuidado de Román, una casa pequeña, entre contenedores, un puñado de tierra que es germen de un tulipán. De un pensamiento o de una alegría. Es el hombre y la tierra. Florescencia.

Los manuales dicen que lo que escribes ha de tener un destino, un final. Lo siento por el materialismo. Y por el mecanicismo. Por lo convencional. Por todo eso que son patrañas y se convierten en doctrinas. No hay destino, sólo sentimiento. Este puñado de palabras, una melodía de piano y una suave grave voz portuguesa elevada. En la mañana islandesa. Tendrá un significado para mí y resonará en los demás porque todos somos cuerdas de guitarra. Una de esas guitarras acústicas con el doble de cuerdas. Vibración en una coral cósmica.

Destinos y finales, menuda bobada.

***

Bebe un té verde mientras yaces tumbado en una campa de hierba. O en un mar de musgo.

Todo el universo en tus ojos, áureo eterno comprimido jugando con tus bastones y tus conos con tus campos y tus batallas y tu pecho.

Si lo sientes entrando por tu entrecejo, como la bala de un asesino preciso, entonces es cierto. Si lo sientes reventando en tu pecho como una emoción alienígena, entonces es cierto.

Déjate elevar.

 

PD. El kanji (ideograma) del té puede dividirse en tres partes, de arriba abajo: hierba, hombre, tierra.

Ernesto Dieguez